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20080405
Parecidos razonables¿No me diréis que no son clavadicos? (por cierto, notas de copyright: el parecido no lo encontré yo, sino barachan, y la estampita me la suministró mi amigo lumen dei, que nunca sale de casa sin una buena provisión de tan católicos adminículos, con finalidades obviamente jocosas). Uno se pregunta cómo de complicada debe de ser la doble vida del ex-portavoz del pepé y malnacido oficial de la generalmente poco recomendable clase politica del país este... eso, España. Desde luego, Pedro J. Ramírez con liguero, aun siendo un verdadero monstruo (pero sin llegar a los extremos de su churri, Ágatha Ruiz de la Prada), daba menos miedo. 
20080326
Ad antiquitatemEse latinajo es el nombre de un argumento falaz que a menudo se esgrime para justificar numerosas prácticas que no soportan la más mínima revisión crítica. El espíritu crítico no es algo con lo que se levanta uno un día, como si fuese un grano o una erección mañanera. No. El espíritu crítico cuesta esfuerzo: mucho leer, mucho reflexionar, mucho comprender. Apelar a la tradición, cualquier lechuguino puede hacerlo. Precisamente el mismo minusválido sobrevenido al que me refería en la entrada anterior apelaba (al parecer; de este tío siempre hablo de segundas bocas, nunca lo leo en directo para así prevenir posibles ataques de diarrea propios) a la condición de "pentamilenaria" de la acupuntura. El prestigio social del que goza la acupuntura  es tremendo, en Oriente y en Occidente. Pero el caso es que carece de fundamento alguno (y su efecto terapéutico, cuya existencia es controvertida, no parece depender de la posición de las agujas, sino más bien del hecho de que te las claven y generes endorfinas). Se basa (como la reflexología, véase mi entrada Reflejos) en la circulación de una mística "energía vital" - ki- por una serie de meridianos, y tanto una como otros solo tienen existencia en la imaginación de los creyentes y los practicantes de este semisádico método de tortura punzante. El sentimiento de inferioridad intelectual de Occidente frente a Oriente que lastra todo el "movimiento" New Age también tendría bastante que ver con el papanatismo de esta serie de creencias, pero esto daría para una o más entradas por sí solo. Hagamos un símil: si los curanderos chinos de hace 5.000 años hubiesen pensado, dentro de su percepción mágica del mundo (posiblemente más sofisticada que la occidental de esa época, no lo discuto) que los pedos curaban, quizá asociando el gas a una emanación mística, estaríamos a estas alturas pagando 70 euros por hora a un señor por envolvernos en una apestosa nube de gases digestivos. Y no nos parecería mal, porque sería una práctica pentamilenaria. Mejor dicho, a mí sí me parecería mal, pero, por ejemplo, no se lo parecería al, ejem, superdotado intelectual al que me vengo refiriendo. Si me hablase con él, le preguntaría si también está de acuerdo con la esclavitud, la violación y posterior -o anterior- asesinato de las mujeres del enemigo o el derecho de pernada; después de todo, todas esas prácticas están refrendadas por miles de años de tradición. Como no le doy ni los buenos días desde hace años, todo eso que me ahorro. A ver quién es capaz de entenderme: antiguo o tradicional no quiere decir válido. No me refiero a tradiciones inocuas, como decorar árboles o vaciar calabazas, sino a métodos para curar. Por fortuna, actualmente contamos con los ensayos clínicos, que son la aplicación del método científico a la verificación de las propiedades curativas de los fármacos. Son muy prolongados y muy caros y tan seguros como sabemos, y aun así no son 100% seguros, porque eso no existe en ciencia. La seguridad es patrimonio de las creencias, que no tienen nada que ver con lo que estamos hablando. En medicina, "cinco mil años" no quiere decir un carajo; lo que sí quiere decir algo es "cinco mil ensayos". ¿Se ve la diferencia? Para que pasen los años, basta con sentarse y esperar a que pasen; para pasar un ensayo clínico, hay que cumplir una serie de condiciones preestablecidas y, en general, razonablemente exigentes. Venga, tú, el del fondo: ¿lo has entendido? ¿Veis como en realidad no era tan difícil?
20080316
Remedios tradicionalesDejando de lado los abundantísimos nuevos modelos de familia, un servidor y casi todos mis lectores han tenido 4 abuelos, 2 machos y 2 hembras. El reparto de roles tradicional ha hecho que los remedios para las afecciones más comunes (jaquecas, resfriados, toses, dolores menstruales, malestar general, pequeñas venas varicosas) se transmitiesen por la vía femenina, en forma de lo que se ha dado en denominar "remedios de la abuela". En televisión había hasta hace bien poco un capullo de nombre Chumari Alfaro que tenía un espacio en uno de esos programas intolerables que duran toda la puta mañana y cuyo target son las amas de casa sacadas de "Cuéntame cómo pasó", denominado "La botica de la abuela". En él, el mencionado disminuido desgranaba multitud de esos remedios populares, la mayoría de los cuáles solo proporcionan curación por efecto placebo (cierto, muchos de ellos contienen un principio activo que luego ha sido extraído por la malvada industria farmacéutica para lucrarse; bueno, para eso y para que, cuando me tomo dos aspirinas, tanto yo como mi médico sepamos la cantidad de ácido acetilsalicílico que me meto en el cuerpo, a diferencia de cuando uno se hace una infusión de corteza de sauce). Lo cierto es que las afecciones leves se pasan solas en casi todos los casos, y casi lo único que podemos hacer es echarnos un cable a nosotros mismos con los síntomas. Si te gusta el agua caliente con cosas, ya sabes, excursioncita al herbolario. Yo prefiero el whisky on the rocks.  Uno de los remedios populares más estúpidos de la cristiandad es la orina humana. Al parecer, la de primera hora de la mañana es la que más mola. Lástima que la orina sea agua con deshechos del cuerpo humano, es decir, sustancias que los riñones han filtrado porque el cuerpo no las necesita. No es que los riñones tomen decisiones, en realidad se trata de complejos procesos de equilibrio osmótico sin capacidad de raciocinio propio, pero cuyo resultado es que nuestra sangre queda limpita. Si te vuelves a beber la orina, en general no pasa nada. Supongo que, una vez superada la arcada inicial (yo recomendaría también dejarla enfriar a temperatura ambiente o hasta, si me apuras, ponerla un ratico en el frigorífico), pues mira, como quien se toma agua con sal. Los riñones, que son muy sabios -a diferencia de Chumari Alfaro- vuelven a filtrar las sustancias de deshecho que te has re-tomado, las vuelves a mear y holy easters. Si tienes una infección en el tracto urinario, la cosa cambia. ¿Que por qué? Lo dejo como ejercicio para los lectores más perspicaces. En mi club de listorros, en donde, como ya sabéis, hay gente de todos los pelajes, tenemos a un sujeto con luces, digamos, de bajo wattaje, que está estos días dando la brasa con la orina como remedio tradicional y esas cosas. Ha llegado a hablar de la gente que, en situación de apuro hídrico, se ha bebido su propia orina para hidratarse. Esta afirmación adolece del mismo calibre de gilipollez que decir que, cuando uno naufraga, al menos problema de agua no va a tener: basta con pegarle un traguito al Océano Pacífico. Lástima que se trate de agua salada, en ambos casos, que no se absorbe precisamente porque está salada. En el caso de la orina, tiene justo el grado de salinidad adecuado para que el cuerpo del que ha salido no la pueda absorber para hidratarse. Cosas de la ósmosis. El mencionado individuo, claro está, ya debe de haber considerado esto, porque lleva años demostrando a todo el que quiera escucharle -un número que se va reduciendo de forma lenta pero continua- que sabe de todo, y es el que más sabe. Una de las cosas que ha afirmado es que "no me consta que nadie se muriese por la ingestión de orina por la mañana, que se ha usado durante mucho tiempo en medicina tradicional". Y probablemente tiene razón: con lo que a él no le consta se podría llenar 6 veces una enciclopedia gorda; la Espasa, por ejemplo. En cuanto a la inocuidad de la orina, pasa como con la inocuidad de la idiocia: a mí tampoco me consta que nadie se muriese por padecerla. Es más, si te descuidas, a lo mejor hasta te puedes meter en un club de superdotados intelectuales. PS: me acabo de dar cuenta de que en este post aparece 4 veces la palabra "tradicional" que, junto con "tolerante", está en el grupo de las que más odio. La voy a tener que dejar tal cual por exigencias del guión pero, en circunstancias normales, 4 apariciones de esa palabra por una misma persona me hacen querer romperle el tabique nasal de un codazo lateral. No, no lo he hecho nunca, qué cosas de preguntar.
20071213
LluviaEstaba mirando hace un rato un capítulo de la serie " Dexter" (altamente recomendable, una serie con enjundia, no apta para los fans de la abundantísima comida basura televisiva); en un momento dado, el padre de Dexter le dice: " Será mejor que entres, chico. Se acerca una tormenta.";  acto seguido se pone a llover torrencialmente. Me ha gustado recordar eso, porque la serie transcurre en Miami, y fue Florida el destino de mi primer viaje a los USA, hace ya como diez años. Era el mes de septiembre, si no me equivoco, y el calor era de horno de panificadora, y tan húmedo que los mosquitos, más que volar, nadaban. Cada tarde, sin fallar ni una sola, descargaba una de esas tormentas tropicales que uno espera que descarguen en los trópicos -pero que es, de todos modos, un espectáculo bello y extraño. El agua caía en espesas cortinas, no con violencia, sino más bien con abundancia, casi diría que con generosidad. La sensación era inquietante; parecía que la naturaleza se hubiese hecho cargo de tu civilizado entorno inmediato por unos minutos. Yo no recordaba haber vivido una cosa semejante; mejor dicho, quizá sí, en alguna nevada, pero las nevadas no suelen suceder *cada tarde*, al menos no en ningún lugar donde yo haya estado, y esa periodicidad, esa seguridad de que al día siguiente aquello sucedería de nuevo, era una de las características esenciales del fenómeno. En aquella época yo solía salir a correr; un día del fin de semana, en que no trabajaba, salí a correr por la tarde y, calculando mal, me encontré demasiado lejos de mi apartamento en mitad de la tormenta vespertina. Huelga decir que llegué mojado hasta el alma; la lluvia caía sobre mí como si algún demoniejo cabrón me estuviese tirando sobre la cabeza cubos de agua especialmente dedicados a mi persona; me resultaba difícil creer que en el metro cuadrado de más allá estuviese cayendo la misma cantidad. Pero el agua era cálida y, superada la línea del empape, debo incluso decir que aquello no era desagradable. Ha pasado mucho tiempo y no creo que ahora me gustase ni gota esa especie de ducha escocesa vertical; también hace años que no practico deporte alguno. Pero ha sido gracioso recordar la sensación, y una excusa tan buena como cualquier otra para romper mi -gratuito- silencio de 10 meses en esta palestra pública.
20070219
Galería de cretinos - Actualización: Laura MalloryTenemos hoy aquí a una mamá ultracristiana norteamericana con exceso de tiempo libre. El ocio está sobrevalorado, y esta retrasada mental es una muestra de ello.
20070205
ComentariosCon una cierta periodicidad recibo la siguiente pregunta referente a mi blog: Oye, ¿por qué en tu blog no se pueden poner comentarios?. La mayoría de personas susceptibles de formular esta pregunta ya la han formulado, pero para aquellos que no, pues ahí va mi respuesta: Mi blog no permite comentarios por una razón simple: no me apetece perder ni un nanosegundo leyendo y/o evaluando la opinión de una persona a quien no conozco y que, si la conociese, posiblemente me caería gorda. Aquellos de los que leen mi blog cuya opinión me importa ya saben cómo hacérmela llegar, si les apetece. Aquellos que no saben cómo hacérmela llegar, es porque su opinión me afecta/interesa tanto como un chubasco en Corea del Norte mientras yo me encuentro en un lugar distinto (es decir, siempre). Eso no quiere decir que no pueda llegar a interesarme, pero digamos que no es el caso "a priori". Mi amigo Imperator tiene una sección de su blog especialmente dedicada a los retrasados mentales que le escriben para llamarle por los mil nombres del puerco por haber criticado en una de sus entradas (ya hace más de un año) al grupo "System of a Down" (él le llama, en un brillante juego fonético, "Síndrome de Dawn"), a quienes no tengo ni el gusto ni las ganas de conocer. Reconozco que me he echado unas risas con sus glosas de los comentarios de esa caterva de descerebrados, pero nunca me metería yo en ese follón. Al cabo de tres o cuatro comentarios leídos me asaltaría una muy desagradable sensación de pérdida de tiempo. Y ahora que he pasado más o menos el ecuador, tiempo es lo que menos me apetece perder. Recapitulando: si me queréis decir algo, ya sabéis dónde y cómo encontrarme. Si no sabéis dónde o cómo encontrarme, en principio debo decir que me la suda en estéreo lo que tengáis que decir. Hay un tercer caso: el de aquellos que sí saben dónde o cómo encontrarme y cuya opinión me interesa un pedo. De estos borro los mensajes sin leer (salvo el nombre, para identificarlos, claro) o les cuelgo el teléfono, ya que carezco por completo de ese extraño sentimiento tan extendido denominado curiosidad morbosa. Ah, y que nadie pierda el tiempo enviando correos a la dirección que aparece en el blog ( dilettantescorner at dilettant dot net): hace como dos o tres años que no la leo. De hecho, la acabo de vaciar por web y había 2.900 mensajes, de los que me he despedido con lágrimas en los ojos. Sí, claro.
20070201
Apariciones marianas Según la SICAR (Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana), el hijo de dios hecho hombre, Jesús para los amigos, no nació normal, como cualquier hijo de vecino. Nació de una virgen. Al parecer, por muy hecho hombre que fuese, al jefazo no le venía bien una mujer del montón, ni aunque fuese buena, hacendosa y fiel a su marido (que ése sí que era normal, a primera vista). Ah, no. El hijo de dios hecho hombre necesitaba una madre bien singular. Necesitaba, de hecho, una madre que, usando la lógica (y la biología; bueno, en esos tiempos de esto último no había mucho), fuese imposible que fuera madre. Buena idea, carajo. Si alguien se cree eso, ya le puedes colar cualquier gol. Pero cuidado: la SICAR no es tonta. Hay que ir alimentando la fe con hechos paranormales (que en el ámbito de la SICAR se llaman, al parecer, milagros) para que a la plebe no se le olvide que, cuando a dios se le mete algo en la mollera, por raro que resulte, pues ahí lo tienes, fíjate. Uno de los milagros clásicos son las apariciones marianas. La cosa consiste en que María, la virgen, va y se aparece. El milagro está en que, claro, la mujer lleva muerta poco menos de 2.000 años, lo cual suele suponer un obstáculo insalvable para deambular por ahí; pero claro, es la madre de dios, y básicamente puede hacer lo que le venga bien. Por ejemplo, lo que decíamos de aparecerse. ( Actualización 5-2-2007: Tío Petros me informa de que, según las escrituras, que vienen a ser como la constitución de la SICAR [mi casa también tiene una escritura, pero no se debe de referir a la misma cosa], María, la virgen, es, junto con el profeta Elías y un tal Enoc, uno de los tres seres humanos que no ha muerto [en realidad serían cinco, contando a Elvis y a Hitler]. Por lo tanto, se aparece porque está viva. Sí, ya. Gracias de todos modos, Petros).  Puestos a aparecerse, María, la virgen, se podría aparecer a cualquier persona y en cualquier lugar, que para eso es omnipotente (bueno, ella no sé, pero su hijo sí, y ¿qué le va a negar un hijo a su madre?). Sin embargo, María, la virgen, suele manifestar una ostensible preferencia por el sector agropecuario. Y sobre todo niños. Véanse a la derecha los tres tiernos pastorcillos de Fátima.  Véase al otro lado a Bernadette Soubirous de Lourdes (esta tenía línea directa, nada menos que 17 apariciones vio), ya con el halo para ir ganando tiempo, en pleno arrobamiento (@miento) mariano. Qué bonito todo. Uno puede ponerse a pensar: ¿qué fijación tendrá María, la virgen, con este sector concreto de la producción? ¿Qué tiene de malo un ingeniero de caminos, canales y puertos? Hay un huevo de gente que se dedica a reflexionar sobre cosas místicas; ¿por qué no se enrolla y les da un toque a estos, para que se dejen de tonterías potencialmente heréticas y se pongan a cantar al amor de los amores? Siendo su marido carpintero, ¿no se podría aparecer en Ikea? Voy a lanzar aquí mi hipótesis acerca de la preferencia citada. Hace 100 o 200 años no se hacía uno pastor por vocación (ahora debe de ser otra cosa; hasta televisan los concursos de gossos d'atura). Pero entonces, como oficio, era ni más ni menos que una puta mierda, de modo que solía quedar restringido a gente pobre y sin educación formal alguna, con una fe de esas puras y sin adulterar con pensamientos y opiniones propias, porque era la única que se podían permitir. Y además, niños. Yo, de niño, creía en fantasmas, en el coco, en Pedro Botero y, si me apuras, hasta en dios. Convengamos en que el hecho de ser niño suma un +3 de bonus a la credulidad. Así que un pastor (o tres), niño, en mitad del monte, si no ve vírgenes ve ovnis. En cambio, me cuesta más imaginarme en similares circunstancias a un topógrafo, a un arquitecto técnico o a un taxista de Padrón. De hecho, lo que me cuesta es imaginarme a alguno de los susodichos viendo cosas raras y a alguien tomándoselo en serio y no recomendándole que busque ayuda profesional. En cambio, vienen tres niños del Portugal profundo, o una niña de la Francia profunda, sueltan su rollo que, normalmente, no se creería ni el Tato en pleno éxtasis lisérgico, y tachán, milagro que te crió. Con esta exhibición de coherencia por parte de la SICAR, casi me dan ganas de desapostatar. O casi que mejor no.
20061115
Breves biografías iconoclastas - Hoy: Antonio Gala Antonio Gala nació en Andalucía, estoy seguro. En alguna parte de Andalucía, lo sé por el acento. Bueno, también podría ser Extremadura. En fin, nació. A Gala en el cole todos le pegaban de collejas porque ya hablaba con ese deje de que lo han interrumpido en mitad de su café con leche y está molesto, o algo. Gala tenía un chucho que se llamaba Troylo. Un día le dio por ponerse a escribir charlas con Troylo. Eso es cojonudo para un tío que lo que realmente pretende es impartir su sabiduría de entidad humanoide sensible al mundo sin que nadie le dé una réplica, porque los perros no hablan, ni siquiera los de Gala. Luego el chucho se murió y Gala se quedó muy triste, pero no lo suficiente como para dejar de dar la brasa. Tiene varios premios de los fabricantes de bastones de todo el orbe, y lleva un pañuelito al cuello, lo cuál es muy práctico en caso de estrangulamiento; en concreto, para el estrangulador. Cuando veo a Gala por la tele me acuerdo del chiste de la loca que cuenta un amigo mío, gay para mas señas. Dice así: ¿Cuál es la diferencia entre un tumor y una loca? Que algunos tumores son benignos. Alguien debería contarle a Gala, pero haciéndoselo entender, a capones si es preciso, que no es necesario utilizar el mismo chip de amaneramiento para escribir y para salir por la tele. A él le gustaría ser Oscar Wilde o Truman Capote, pero se ha quedado en Corín Tellado con exceso de adjetivación. Como Gala ya es mayorzote, un día de estos se morirá, como su chucho Troylo, y la lengua castellana perderá a uno de sus mayores exponentes, o logaritmos, o cotangentes, y la progresía bienpensante lo lamentará públicamente a grandes voces. A la malpensante, en cambio, nos chupará un pie.
20060912
Breves biografías iconoclastas - Hoy: Teresa de JesúsInicio con esta una serie, espero que larga, de ultrasucintas biografías de personajes que, por un motivo u otro, me caen gordos. A veces entraré en las causas de esta antipatía y otras veces no; es mi blog y en él hago lo que me da la gana. Teresa de Jesús, llamada también Teresa de Ávila, nació en Ávila; y además, en 1515. Ante la perspectiva de pasar buena parte del siglo XVI en Ávila (villa sin duda dotada en la época de una trepidante animación cultural; ahora no sé, no tengo el gusto) decidió hacer lo que haría cualquier persona inteligente: quedarse en Ávila y hacerse monja. Ella era así, una chica brillante. Una vez en el convento, su afición a los estupefacientes y/o las sustancias psicoactivas (dicen que si el cornezuelo; pues igual sí, porque no me imagino un convento, en Ávila, en el siglo XVI, con un suministro regular de LSD; aunque digo yo que lo más probable es que tuviese algún trastorno con la secreción -excesiva, claro- de neurotransmisores) la sumía en tremebundos globos que ella, con la modestia que la caracterizaba, se empeñaba en denominar "éxtasis místicos". En ellos veía a toda la patulea celestial: Jeová, el niño y la madre que lo parió (o sea, María), con ángeles y trompetones dorados de los de Jericó y todo. Una vez también vio un ornitorrinco, pero ya le pareció demasiado raro y decidió que casi mejor reducía las dosis. Cuando se aburría, entre viaje y viaje (sin moverse del sitio), escribía cosas como "Vivo sin vivir en mí/y tan alta vida espero/que muero porque no muero.", pasaje que todos los profesores de literatura de la historia de la humanidad española han enseñado a sus alumnos como si se tratase de algún prodigio artístico (a mí siempre me han parecido los mediocres desvaríos de una fanática con un problema grave de drogadicción; pero en fin, para gustos, colores). Luego también se puso a fundar conventos. De carmelitas, se ve. Y al final se murió. Y luego cogieron su cadáver y lo hicieron a cachicos y lo repartieron por toda la cristiandad. Franco, que era un tío enrrollao, tenía un brazo, al que llamaban "el brazo incorrupto de santa Teresa"; a fe mía que era el brazo incorrupto con peor aspecto que he visto en mi vida. Y ya nada más de interés. Bueno, sí: la hicieron santa.
20060829
Galería de cretinos - Actualización: Barbara HaddrillEsta señorita británica es, de entre los numerosos ecologistas fanáticos que pueblan las zonas con mayor concentración de tiempo de ocio de Occidente, sin duda una de las más débiles mentales. Disfrutadla.
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